México 1990 - la remontada perfecta de Alain Prost
En el abrasador asfalto del Autódromo Hermanos Rodríguez, Alain Prost escribió una de las páginas más inesperadas y elegantes de su carrera. Aquel 24 de junio de 1990, el francés partía desde el 13º lugar, lejos de toda predicción de gloria. Pero lo que siguió fue una lección de paciencia, cálculo y determinación. En una jornada donde la resistencia fue tan importante como la velocidad, Prost transformó un fin de semana gris en una obra maestra estratégica, guiando a Ferrari hacia un histórico 1-2.
El contexto del campeonato no podía ser más tenso. Ayrton Senna y McLaren seguían siendo la referencia absoluta, pero Ferrari comenzaba a mostrar señales de renacimiento con el 641, un monoplaza de líneas finas y comportamiento equilibrado, desarrollado bajo la mano de John Barnard y Enrique Scalabroni. Prost, que había llegado al equipo con la etiqueta de “enemigo número uno” de Senna, no terminaba de sentirse cómodo en las sesiones de clasificación. En México, los neumáticos de calificación de Goodyear lo traicionaron y lo dejaron relegado al 13º puesto. Senna, mientras tanto, dominaba el sábado con su acostumbrada precisión quirúrgica.
Para la mayoría, la carrera parecía resuelta antes de empezar. El circuito, con su recta interminable y el peraltado de la última curva, no ofrecía demasiadas oportunidades de sobrepaso. Pero Prost tenía otros planes: confiaba en el ritmo del Ferrari en tanda larga y en su habilidad para leer la evolución de los neumáticos, un arte que pocos dominaban como él.
La largada fue apenas el primer acto de una remontada metódica. Prost avanzó sin desesperación, aprovechando errores ajenos y cuidando sus compuestos. En las primeras vueltas ya había escalado al top ten, y antes del ecuador de la carrera rondaba los cinco primeros puestos. Su ritmo constante contrastaba con la agresividad de los McLaren y Williams, que empezaban a sufrir el desgaste de los neumáticos en el abrasivo asfalto mexicano.
Senna lideraba cómodo, con Berger como escolta, pero el equilibrio empezaba a cambiar. Prost, desde atrás, giraba hasta un segundo por vuelta más rápido. La remontada no fue un arrebato de velocidad, sino una demostración de inteligencia: curvas redondeadas, frenos dosificados y un control de tracción inexistente que compensaba con pura sensibilidad.
La definición llegó cuando el destino decidió intervenir. En la vuelta 60, el neumático trasero derecho del McLaren de Senna comenzó a perder presión. El brasileño intentó resistir, pero la vibración lo obligó a abandonar a pocas vueltas del final. Prost heredó la punta con autoridad, mientras Nigel Mansell, que había largado quinto, se encargó de sellar el 1-2 para Ferrari tras superar por el exterior de la Peraltada al McLaren de Gerhard Berger, que finalmente completó el podio en el tercer lugar.
Fue una victoria fundamental para Prost y la confirmación de que el Cavallino estaba listo para disputar el título. El público mexicano celebró con fervor latino, consciente de haber presenciado una carrera histórica.
La remontada de Prost en México redefinió la percepción sobre su estilo. Siempre tildado de cerebral, calculador y carente de la furia de Senna, aquel domingo demostró que también podía ganar desde la adversidad, con el temple de quien entiende cada detalle del arte de correr. Ferrari, por su parte, ratificó que el proyecto iniciado con Barnard podía mirar de frente a McLaren.
Y mientras Prost tejía su victoria con precisión quirúrgica, Nigel Mansell firmaba una de las maniobras más recordadas en la historia moderna de la Fórmula 1. En la última vuelta, lanzado con todo, sorprendió a Gerhard Berger por el exterior de la Peraltada, una curva rápida y ciega que bordeaba el delirio. Nadie esperaba un intento allí, y mucho menos que funcionara. Pero Mansell, en estado puro, sostuvo el Ferrari al límite y concretó un sobrepaso imposible.
Aquel adelantamiento fue tan impactante que, con los años, la curva final del Hermanos Rodríguez pasó a llamarse “Curva Mansell”, en homenaje a ese gesto de audacia que definió una época. Fue el broche perfecto para una carrera que unió inteligencia y coraje bajo el mismo estandarte rojo.
En el atardecer mexicano, Alain Prost alzó los brazos con la calma de quien sabe que la victoria no siempre pertenece al más rápido, sino al que mejor entiende el momento. En México no ganó la velocidad: ganó la inteligencia. Y en esa victoria perfecta, el “Profesor” selló una de las páginas más puras de su legado. JF1
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