Monza 1971 - El final más apretado de la historia y la consagración de Tyrrell
El 5 de septiembre de 1971, el Templo de la Velocidad fue escenario de una de las carreras más vibrantes jamás disputadas en la Fórmula 1. El Gran Premio de Italia de aquel año, corrido en el antiguo trazado sin chicanas del Autódromo Nazionale Monza, quedará grabado por siempre en la memoria por su definición: los cinco primeros autos cruzaron la línea de meta en apenas 0,61 segundos, un sprint a casi 250 kilómetros por hora que todavía hoy no tiene igual.
La cita se disputaba en un clima cargado de simbolismo. Era el primer aniversario del fallecimiento de Jochen Rindt, campeón póstumo de 1970, cuyo recuerdo seguía presente en el paddock. Jackie Stewart ya se había asegurado el título de pilotos en Österreichring, pero aún quedaba abierta la lucha por el campeonato de constructores, con Tyrrell acariciando su primera consagración.
En Ferrari, las tensiones eran palpables. Enzo Ferrari había amenazado con no correr tras atacar duramente los neumáticos Firestone, pero la Scuderia finalmente se presentó, dividida: Jacky Ickx con el viejo 312B y Clay Regazzoni con la versión 312B2 equipada con un motor renovado. Ninguno vería la bandera a cuadros.
La carrera fue un torbellino de velocidad y rebufos. En un circuito donde solo se frenaba dos veces por vuelta, los coches rodaban en trenes interminables, superándose una y otra vez. Durante las 55 vueltas hubo más de 25 cambios en la punta, con nombres como Ronnie Peterson, François Cevert, Mike Hailwood, Chris Amon, Jo Siffert, Howden Ganley y Peter Gethin alternándose al frente.
En el tramo final, cinco pilotos —Gethin, Peterson, Cevert, Hailwood y Ganley— se lanzaron a un duelo a cuchillo. Nadie levantaba el pie, nadie estaba dispuesto a resignar su oportunidad de lograr una primera victoria en Fórmula 1. Era una batalla cuerpo a cuerpo, cada curva y cada recta eran un campo de definición.
En la última vuelta, Gethin, que había largado desde la undécima posición con su BRM, se la jugó en la Parabólica, adelantó a Peterson y se lanzó a la recta final con la delantera. Ronnie trató de devolverle la maniobra, pegado al alerón trasero del inglés, pero no alcanzó. La diferencia fue de una centésima de segundo: 0,01. Apenas 0,61 segundos separaron a los cinco primeros: Gethin, Peterson, Cevert, Hailwood y Ganley. Nunca, antes ni después, se vio un final tan cerrado.
Además, esta carrera marcó el cierre de una era. Fue la última vez que en Monza se corrió en su trazado clásico sin chicanas. A partir de 1972, el circuito incorporaría variantes para reducir las altísimas velocidades y mejorar la seguridad. Se acababa así la época de los rebufos eternos y los trenes de coches que volaban a casi 300 km/h.
El Gran Premio de Italia de 1971 también definió otra historia: con el tercer puesto de François Cevert, Tyrrell se consagró campeón del mundo de constructores por primera vez. El equipo de Ken Tyrrell, nacido apenas dos años antes como estructura independiente, lograba así un título histórico que confirmaba la grandeza de su asociación con Jackie Stewart y el potencial de un proyecto joven que marcaría la década.
Con una media de 242,6 km/h, la carrera estableció además un récord de velocidad promedio que se mantuvo imbatido durante más de treinta años. Y para Peter Gethin, aquel triunfo fue la única victoria de su trayectoria, conseguida con una maniobra de audacia pura. “Levanté el brazo antes de cruzar la línea, por si había empate”, recordaría más tarde. Una anécdota que sintetiza la tensión de aquel instante único.
Italia 1971 no fue solo la carrera más apretada de la historia. Fue también la despedida de un Monza sin chicanas y el bautismo triunfal de Tyrrell en los libros dorados de la Fórmula 1. Una fecha que simboliza el vértigo, la emoción y la leyenda del Templo de la Velocidad. JF1
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